STATEMENT

El arte per se, es un acto meditativo donde la contemplación y la apreciación del Yo-físico se integran con el alma. Te fundes en la obra y la obra se funde contigo; un sincretismo entre lo terrenal y lo espiritual que hace evidente aquello invisible y que, a la vez, se torna perceptible a los sentidos. Todo acto es mágico, toda actividad que nace del YO  y del amor se vuelve un acto divino. El arte es un camino... la puesta en escena del inconsciente

Mi obra nace de la introspección,  de la constante búsqueda del Yo.

¿Quién soy?, ¿Qué hay más allá de lo aparente, del personaje que he decidido ser?, ¿Quién es el que observa a través de mis ojos?.

Me cuestiono constantemente el proceso en el que me he construido… la sinceridad y honestidad con la que me desenvuelvo. ¿Soy a través de la mirada ajena o soy la verdadera esencia de mi ser?, ¿Quién es la real y sincera expresión de mí: la obra final o yo cómo la creadora de ésta?.  Quizás en ese resquicio se anida el arte.

 

No ha sido un proceso sencillo pues la constante en mi obra ha sido el autorretrato  y aunque suele verse como un ejercicio de egocentrismo y a su vez hedonista (visto de manera superficial) como algo sin complejidad, ciertamente se suele pensar que al retratarse constantemente será algo irrelevante e inapetente, pero en realidad nunca somos los mismos, nunca seremos quienes fuimos el día anterior, siempre estamos en constante transformación y renovación y es por esta razón que me he permitido explorar todas las facetas tanto de mi psique como de mi apariencia a través del arte, mientras realizo y me realizo en cada obra estos dos aspectos  van mutando simultáneamente.

 

¿En realidad que pinto o dibujo? en mis autorretratos muchas veces situados en espacios sin contextos, dentro de vacíos que pudieran considerarse "existenciales" y  también por qué no decirlo: “estáticos” llevan consigo una fuerte carga emocional,  la suspensión del tiempo de historias personales; la sublimación, la transmutación del YO, haciendo qué el arte sea una experiencia, un proceso de sanación y reintegración del cuerpo, mente y alma... Un fin por el cuál me permito otras percepciones del mundo, otras formas de comprenderlo y modificarlo internamente.

 

En sus primeras etapas mi obra se centró en evidenciar y externar el dolor a través de autorretratos en los que la fuerza de la mirada y el cuerpo en algún acto impulsivo, arrebatado e inmóvil provocaban en el espectador un sentimiento; a veces repulsivo, que llevaba consigo una reflexión sobre la belleza, la fragilidad de la vida, las memorias del dolor, la impermanencia, el tiempo como un enemigo, etc. Sin pretender que el espectador tuviera alguna clase de experiencia al estar frente a cada obra estos podían encontrarse silenciosos y descubrirse al identificarse con algún aspecto de la obra que no era evidente. Nacemos en la pureza, nuestra percepción del mundo vista desde la inocencia, con el paso del tiempo desenvolvemos mediante estímulos que forjan día a día nuestras creencias hasta finalmente, lo que en realidad somos pasa a ser un segundo plano, nos volvemos un reflejo de la sociedad, nos vemos y juzgamos a través de sus miradas, vivimos sujetos a la complacencia, la que sólo acepta su reflejo, la que se centra en lo externo, olvidando al Yo verdadero. Fue en esa búsqueda , en esa necesidad de comprender mi interacción con el mundo que el arte se volvió no sólo un oficio sino un modo de vivir para reencontrarme.

“Conócete a ti mismo”… recita el aforismo griego. 

El autorretrato a lo largo de la historia ha sido utilizado para la auto-afirmación. Pero cualquier imagen creada, sea o no sea un retrato, sea una escena costumbrista, un bodegón o paisaje será por siempre un autorretrato, pues es la interpretación del exterior a través de los ojos del artista y su percepción es influenciada  desde lo interno y la experiencia. 

 

Usamos objetos, personas, animales, paisajes como un medio, un registro físico de lo interno, la exploración de la idealización a través de cánones, la consolidación del Alter ego  traducido a un lenguaje pictórico.

 

Cerdos.

 

Constantemente exploro mi propia identidad utilizando elementos o efigies cuál ícono religioso con su atributo. Presentes constantemente en mi obra son un personaje más que me acompaña, inicialmente su presencia surgió como una metáfora a la figura masculina y que actualmente integro como un elemento que ancla lo terrenal y lo divino. Quizá inconscientemente tiene un simbolismo más complejo que aún no descifro.

 

Creo fielmente que la obra nunca muere, nunca termina y si acaso termina será ojos del espectador; seguirá modificándose, mutándose pero jamás morir.

" Mi obra es la sublimación de mis arrebatos, la exaltación de mi alma, la comunión con lo divino..."  

María Nava