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María Nava

Favricio Huerta

Un recorrido por el trabajo de María Nava es adentrarse en la existencia de la artista, no solamente en su quehacer artístico, sino en el aspecto más significativo, en su desnudez psíquica.

 

Cada una de sus piezas nos estremece en el encuentro con sus personajes pictóricos, todos ellos entrelazados en un diálogo fantasmagórico. Sus autorepresentaciones ritualizan su permanente exploración de sí misma y su reconocimiento como un otro. El cuerpo de obra de Nava dibuja su otredad, es un compendio ético/estético.


Su trabajo ha estado siempre teñido de una inefable carga dialéctica. Las escenas que parecen provenir de una especie de realismo onírico, nos muestran de forma recurrente a ella como personaje central, y en una constante tensión/simbiosis con
seres que nos son comunes a todxs, pero manidos de una gestualidad proveniente del bestiario con la impronta de Nava.

 

La familiaridad con la que se representa a sí misma es producto de una vida entera de autoexploración, y tal acto no es sólo un ejercicio de desprendimiento de viejos atavíos. Tampoco se trata únicamente del reconocimiento de sí misma a través de la desnudez, va más allá, de forma subrepticia María aproxima su piel con la nuestra, y en un acompasado roce de superficies nos arrastra en su sortilegio, nos contagia de las mismas sentencias que articulan cada una de sus piezas, “el imperio de la razón moderna posee una muerte anunciada”.


Es en la piel donde se inscribe el paso del tiempo, y es también ahí en donde se depositan arcaicos prejuicios asociados a la autoexploración. El reconocimiento del otro es sólo posible a través de una política de la desnudez, de la inmolación de los artificios que acompaña nuestra interacción con los demás y con nosotros mismos.

El imaginario en el que abrevan las disquisiciones de la pintora mexiquense, no está desconectado o desarticulado de la colectividad. Ella, al igual que el resto del mundo, se ve acechada por las mismas dudas, dolor, angustia y rabia. La genialidad en el caso de Nava es la metamorfosis a la que somete cada una de esas emociones en ánimo de otorgarles sentido.

 

Asistir a una de sus exhibiciones es atender el llamado a la complicidad con la artista, es sumergirse en la profundidad de una vida secreta tejida en versos pictóricos. Contemplar su trabajo es cruzar el intersticio de su urdimbre discursiva, es arribar a escenarios cargados de intimidad, en donde la sobre-exposición de la piel se traduce como un acto de crítica mordaz hacia el constructo moral de la
modernidad.

 

De forma intermitente la obra de Nava se aproxima a la vieja sentencia socrática inscrita en el pronaos del templo de Apolo en Delfos, en el que se lee γνωθι σεαυτόν (cónocete a ti mismo).


Al fin y al cabo qué puede ser más subversivo que el conocerse a uno mismo.

Nava y la urdimbre de la rabia

Arturo Gutiérrez

Con la presente serie de urdimbre maravillosa, María Nava comparte una visión desgarrada de la realidad destronada de la paz. De este modo la artista propicia el enfrentamiento y la ruptura con lo mejor y lo peor de nosotros mismos.
Con tal contienda, María Nava protagoniza un arte que ciertamente desborda la piel y la conciencia. Por eso su obra colinda con la periferia del sueño, la pesadilla y la rabia. Toda es una deslumbrante marca espetada sobre el espectador para despertarlo de la somnolencia en que habita. 
De ahí que asumamos que la obra de María Nava pertenece al surrealismo de la herida. 
El motivo es una tragedia... no el delirium, como titula a una de sus lienzos. Aquí la rabia se encontró con el arte para sacudir las conciencias, la pasividad, la complacencia. 
Su obra relumbra en la conciencia de la modernidad para sabotear la traición y el solapamiento rampantes. Es la rabia subrepticia la que acecha detrás de cada pieza, es el desfile sobre el filo de la indignación y el sarcasmo.
Por ello su obra pertenece al desmoronarse en las manos la sombra de dolor, el dolor agreste del grito que se quiebra en el intersticio de nuestras vidas. 
Enhorabuena por el arte que arroja la rabia contra la artera vida. 

 

Arrebato

Luz del Alba Belasko

“Y así ascender despacio
en un inmenso amor
de la prisión terrestre
a la belleza del día”
Rimbaud


Arrebato es como un beso inaugural a la desesperanza. Es el desvanecimiento racionalizado del ”nunca jamás podrás acariciarme”, es su levedad del ser, en una piel ingenua que se enciende en la fragua del desazón.
 

Es el cotidiano de sus días, cuando María descubre algo de su cuerpo, retrata su luz, lo dibuja y transforma con trazos en sus sueños, luego abre los ojos y arde.
 

La seducción desde su génesis recae siempre en la esfera del mal, este ha sido siempre su destino y ha perdurado como una maldición, sin embargo María Nava, actualiza en cada uno de sus cuadros el pasado mítico, y recurre a estrategias de probada eficacia; Al sublimar sus emociones, ella conspira casi siempre desde el deseo ( o de mayor placer o de mayor poder), nos persuadecon desnudos autobiográficos, nos encanta con su intimidad melancólica, y nos socava con sus verracos y sus aves carroñeras.


Prefigura la tendencia del narcisismo más extremo que subyace en la moderna sociedad de masas, en la que el individuo se halla al borde del desarraigo y se entrega toda ella en el temporal infinito del blanco y negro, y desde ahí se mira, y grita y se acongoja todavía a los pies de sus animales.
 

Tras ese prestigio galante de su pintura está el artificio, la seducción, el ritual y sobre todo el arte de dibujarse, es decir María nos enseña, como se hace más hermoso y poderoso ante los demás.


Nos deja entrar a una comunión con su parte divina, ahí donde su herida le duele por la cual respira y es una condición para pintar.
Apelamos pues, al disfrute y al enamoramiento gozoso de quienes contemplen la obra aquí expuesta en este arrebato de los días de María.


María Nava

José Luis Martínez

 

En la obra de María Nava, impecables dibujos en blanco y negro, se manifiesta un mundo: íntimo, contradictorio, erótico, violento amoroso.La artista es el centro de esa obra,

sus autorretratos cuentan la historia de su vida, sus desnudos son una celebración del cuerpo 

pero también —a través de cuadros como Ablatio— una crítica sin concesiones a una realidad intolerable. Honestidad, imaginación y talento sería la síntesis de su propuesta.